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El voluntariado que cuida, transforma y sostiene lo común

Un artículo de nuestro proyecto de formación 'Escuela para el cambio' con Entreculturas
El voluntariado que cuida, transforma y sostiene lo común

En el Año Internacional del Voluntariado estrenamos una sección para poner el foco en el aporte de las personas voluntarias en la construcción de una sociedad más sostenible, en todos los sentidos.  Visita nuestra Escuela para el cambio.
 



En un mundo atravesado por múltiples crisis (sociales, ambientales, económicas y políticas) el voluntariado sigue siendo una de las expresiones más claras de compromiso con la vida y con lo común. Tanto en el ámbito local como en el internacional, millones de personas dedican su tiempo, su energía y su mirada crítica a acompañar procesos, sostener comunidades y defender derechos allí donde más se necesitan.

En este contexto, el Año Internacional del Voluntariado para el Desarrollo Sostenible se presenta como una oportunidad para reconocer, fortalecer y repensar el papel del voluntariado en la construcción de sociedades más justas, solidarias y democráticas. Pero para arrancar, queríamos enmarcar qué significa el voluntariado para nuestras instituciones y hemos pedido a Eva Rodríguez Salcedo, adjunta a la dirección de Alboan, y responsable de Personas y Ciudadanía; y a Sonia Fernández Holguín, directora de Personas y Organización de Entreculturas que nos apoyen con esta tarea, que ya nos adelantan:  el voluntariado no es un complemento ni una actividad secundaria en nuestras vidas, es una forma de entender la transformación social, la participación ciudadana y, sobre todo, de cuidado mutuo.

 

Una fuerza profundamente humana y transformadora


¿Qué perderíamos como sociedad si dejáramos de contar con personas voluntarias activas, críticas y comprometidas? Eva nos sugiere esta pregunta, incómoda en su opinión, para intentar comprender la importancia del voluntariado. Qué pasaría si no contáramos con personas que, desde motivaciones profundas y no profesionales, sostienen pequeñas y grandes luchas por la justicia, aportando miradas libres de marcos rígidos y lenguajes cerrados.

El voluntariado sitúa a las personas y a las comunidades , especialmente a aquellas que viven situaciones de mayor vulnerabilidad, en el centro. Es una experiencia que no solo beneficia a quienes reciben acompañamiento o apoyo, sino que transforma profundamente a quienes se implican, ayudándoles a crecer como personas y como ciudadanía consciente y responsable. En este sentido, el voluntariado encarna valores esenciales como la gratuidad, el cuidado, la solidaridad y la dignidad humana.

El voluntariado propone descentrarse, mirar a otras personas, apostar por lo colectivo y asumir la responsabilidad compartida sobre aquello que es de todas y todos.

Por su parte, Sonia comparte una mirada complementaria: el voluntariado no es solo una forma de ayudar, sino una manera de entender cómo queremos vivir en sociedad. En un contexto marcado por el individualismo y la lógica del “sálvese quien pueda”, el voluntariado propone justo lo contrario: descentrarse, mirar a otras personas, apostar por lo colectivo y asumir la responsabilidad compartida sobre aquello que es de todas y todos.

Ambas coinciden en que, hoy más que nunca, el voluntariado es una herramienta clave para responder a los grandes desafíos globales. No solo por las acciones concretas que impulsa, sino porque genera una ciudadanía activa, ética y comprometida, capaz de imaginar y construir alternativas.

Cuando el foco se pone en el voluntariado en cooperación internacional, el compromiso adquiere una dimensión aún más amplia. Sonia destaca que este tipo de voluntariado reconoce la interdependencia del mundo en el que vivimos y nos sitúa como ciudadanía global, comprometida con la justicia aquí y allí, en el norte y en el sur global, como hace el programa VOLPA, de Alboan y Entreculturas, el voluntariado internacional de larga duración.

Este tipo de voluntariado, y especialmente el de larga duración, tiende puentes entre realidades, visibiliza causas estructurales de la desigualdad y contribuye a procesos de transformación en terreno. A su regreso, estas personas se convierten en agentes de cambio en sus propios contextos, trasladando aprendizajes, cuestionando narrativas y generando conciencia social.

 

Cuidar el voluntariado: una responsabilidad ética y política


Tanto Entreculturas como Alboan entendemos el voluntariado como un elemento central de nuestra identidad. Las personas voluntarias son altavoces, agentes de cambio y parte viva de la comunidad. Su implicación conecta la transformación personal con el cambio social y ayuda a mantener a la organización abierta, permeable y en diálogo constante con la realidad.

Las personas voluntarias son altavoces y agentes de cambio tanto dentro de nuestra comunidad como hacia las comunidades que acompañamos, no se limitan a realizar tareas: transforman personas y entornos.

Sonia recuerda que la organización es, en esencia, una organización de voluntariado: la gran mayoría de las personas que la conforman son voluntarias o colaboradoras. Son ellas quienes sostienen buena parte del trabajo en los territorios, quienes aportan cercanía, sentido y ese “pie en tierra” imprescindible para traducir lenguajes técnicos en palabras comprensibles y conectadas con la vida cotidiana. Es una manera de decir que el voluntariado no solo apoya la misión: la encarna. Apostar por él es, por tanto, una cuestión de coherencia con valores como la participación ciudadana, la justicia social y la defensa de los derechos humanos.

Cuidar a las personas voluntarias no es un gesto accesorio, sino una necesidad estratégica y ética. Como destaca Eva, son altavoces y agentes de cambio tanto dentro de nuestra comunidad como hacia las comunidades que acompañamos. El voluntariado no se limita a realizar tareas: transforma personas y entornos. Cuidarlo implica fortalecer vínculos, acompañar procesos vitales, sostener la ilusión y proteger esa fuerza que conecta lo local con lo global. Reconocer el valor del ser de cada persona voluntaria, agradecer su aportación a la entidad y a nuestras organizaciones aliadas, compartir sus alegrías y dificultades y acompañar su crecimiento en cada espacio de compromiso es esencial en nuestra manera de entender el cuidado.

Sonia lo expresa con claridad: cuidar el voluntariado hoy es un acto de responsabilidad y de justicia. Los valores que encarna —procesos frente a inmediatez, colectividad frente a individualismo, servicio frente a poder— son profundamente contraculturales y requieren tiempo, energía y convicción. En un contexto de precariedad, incertidumbre y desgaste social, sostener el compromiso no es sencillo; por eso necesita acompañamiento y espacios donde renovarse.

Ambas miradas coinciden además en que la motivación no se sostiene solo en la acción, sino en el sentido, el vínculo y el horizonte compartido. Las personas permanecen cuando se sienten parte de una comunidad viva, cuando comprenden cómo su aportación —por pequeña que sea— contribuye a la misión, y cuando pueden compartir dudas, aprendizajes y emociones. La formación continua, el reconocimiento sincero, los espacios de encuentro y la flexibilidad en los formatos de participación son claves para sostener el compromiso. También lo es abrir conversaciones honestas sobre el cansancio, la frustración o la incertidumbre, entendiendo que cuidar a quienes cuidan forma parte, de manera inseparable, de nuestra misión.

 

Retos y horizontes para este 2026


De cara a 2026, en un contexto social y político cambiante, se dibujan varios retos clave para el voluntariado. A nivel interno, el desafío pasa por llegar a más personas y a perfiles cada vez más diversos, sumando nuevas voluntades tanto en el ámbito local como en el internacional. Será necesario, además, explorar y ensayar nuevas formas de participación, reforzar el componente sociopolítico del voluntariado, impulsar experiencias de trabajo y acción intergeneracional y visibilizar con mayor fuerza su capacidad transformadora.

Pero junto a los retos, también hay sueños compartidos. Eva imagina un voluntariado valiente, feminista, diverso e intercultural, capaz de cruzar fronteras, cuestionar estructuras injustas y mantener viva su esencia solidaria y combativa. Sonia sueña con un voluntariado que sea una opción natural y valorada para muchas más personas, y que siga siendo una fuerza colectiva de transformación aquí y en cualquier lugar del mundo.

Más allá de Entreculturas y Alboan, el reto también es colectivo: avanzar en la incidencia social y política para que el voluntariado sea más reconocido y apoyado, tanto a nivel social como institucional. Todo ello en un momento en el que la crisis de los cuidados es más que evidente y en el que crecen las desigualdades sabemos que la demanda de acción voluntaria es clave, pero que, al mismo tiempo, tensionan la capacidad del sector para responder de manera eficaz y sostenida.

En este Año Internacional del Voluntariado para el Desarrollo Sostenible, queremos recordar que el voluntariado no es solo acción, sino esperanza organizada; no es solo ayuda, sino participación consciente; y no es solo presente, sino una apuesta firme por el futuro que queremos construir juntas y juntos.