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Alboan, 30 años con ellas

La feminización de la pobreza: una trampa estructural que exige derechos, justicia y acción
La feminización de la pobreza: una trampa estructural que exige derechos, justicia y acción

En vísperas del 8 de marzo de 2026, mientras el mundo conmemora los 30 años de la Declaración de Beijing y Alboan celebra tres décadas acompañando procesos de justicia social y equidad de género, una realidad sigue interpelándonos con urgencia: la pobreza no es neutral al género.

Y las crisis globales —la guerra en Ucrania, el conflicto en Oriente Medio, la emergencia climática— no hacen sino profundizar esta fractura.

 

El cuerpo de las mujeres, primer territorio en guerra


El contexto global de 2026 está marcado por una policrisis sin precedentes: 59 conflictos armados activos —la cifra más alta desde la Segunda Guerra Mundial— y una emergencia climática que ya ha forzado el desplazamiento de 123,2 millones de personas, según datos del Institute for Economics and Peace (2025) y ACNUR. El 49% de quienes se ven obligadas a huir son mujeres y niñas.

En Ucrania y Oriente Medio, este impacto es devastadoramente visible. Según el informe de la ONU (2024), el 91% de las víctimas verificadas de violencia sexual en contextos de conflicto armado son mujeres y niñas. Sus cuerpos son instrumentalizados como territorio de control y arma de guerra: la esclavitud sexual y las violaciones en grupo son prácticas sistemáticas, crónicamente subnotificadas por el miedo a las represalias y la escasez de servicios de protección y denuncia.

A esto se suma la inseguridad alimentaria aguda: de los 295,3 millones de personas en situación de hambre, 10,9 millones son mujeres embarazadas o lactantes. En Colombia, el CICR (2025) ha documentado que el 52% de los casos de desaparición vinculados al reclutamiento forzado corresponden específicamente a niñas. La cronicidad de estas crisis —con una duración media de 10 años según OCHA— exige trascender las respuestas de emergencia hacia un enfoque integral que conecte lo humanitario, el desarrollo y la paz.

 

Una pobreza con rostro de mujer: cuando salir cuesta más


Más allá de los contextos bélicos, la desigualdad económica sigue siendo estructural. En plena era de la inteligencia artificial y la hiperconectividad, la pobreza tiene rostro de mujer. No es una fotografía estática de la precariedad, sino un proceso dinámico y persistente: la feminización de la pobreza.

Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), por cada 100 hombres en situación de privación hay actualmente 122 mujeres. Esta brecha lleva una década estancada. Si no cambiamos el rumbo, en 2030 habrá todavía 351 millones de mujeres y niñas viviendo en pobreza extrema. No es un fallo puntual del sistema: es un rasgo de su diseño.

 

La pobreza de tiempo: el impuesto invisible del cuidado


El motor silencioso de esta desigualdad es la división sexual del trabajo. Según ONU Mujeres, las mujeres dedican en promedio 2,5 veces más tiempo al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado que los hombres. En regiones como Asia Occidental y el Norte de África, esa carga es cuatro veces mayor.

Esta "pobreza de tiempo" implica consecuencias concretas:

  • Menor acceso a formación, especialmente digital.
  • Mayor dificultad para reinsertarse en el mercado laboral tras una crisis.
  • Mayor exposición a empleos informales y precarios.

Mientras muchos hombres pueden reengancharse al empleo tras una recesión, millones de mujeres permanecen atadas a la sobrecarga doméstica. El cuidado, esencial para sostener la vida, se convierte en un obstáculo estructural para su autonomía económica.

 

Crisis climática: un multiplicador de desigualdad


La pobreza femenina también se ve agravada por la emergencia climática. Para 2050, la crisis ambiental podría empujar a 158 millones de mujeres adicionales a la pobreza extrema. Las mujeres, especialmente las rurales, tienen menor acceso a tierra, financiación y tecnología agrícola.

Según la FAO, cada día de calor extremo reduce el valor de los cultivos producidos por mujeres un 3% más que los de los hombres, debido a su menor acceso a sistemas de riego y recursos productivos.

El año 2024 se consolidó como el más caluroso jamás registrado, exacerbando además el riesgo de desplazamientos por desastres naturales, que ya afectan a 9,8 millones de personas. La emergencia climática no es neutra: amplifica desigualdades preexistentes.

 

Brecha digital y exclusión financiera: la nueva frontera


La desigualdad ya no se mide solo en ingresos, sino en acceso a tecnología y agencia financiera. En países de ingresos bajos, las mujeres tienen un 9% menos de probabilidades de poseer un teléfono móvil: sin móvil no hay acceso pleno a la protección social digital, a la información sanitaria o agrícola, ni a las oportunidades laborales online.

El Global Findex 2025 revela que incluso tener una cuenta bancaria no garantiza poder económico: en países como India, el 18% de las cuentas de mujeres permanecen inactivas, muchas veces por normas sociales restrictivas.

 

El derecho a la educación: protección esencial en contextos de movilidad forzada


En contextos de movilidad forzada, la educación no es un servicio secundario sino una intervención prioritaria que salva vidas. Según el Manual Esfera, actúa como escudo protector frente al reclutamiento, el trabajo infantil y la violencia sexual; proporcionando además la estabilidad psicosocial necesaria para mitigar el estrés tóxico acumulado.

Sin embargo, las niñas y adolescentes enfrentan barreras adicionales. En América Latina y el Caribe, obstáculos administrativos como la exigencia de pasaportes vigentes o documentos de extranjería bloquean el acceso a la matrícula escolar. La falta de productos de higiene menstrual e instalaciones sanitarias adecuadas es un factor determinante de deserción escolar para niñas. Y la intersección entre género y origen étnico genera formas de racismo institucional en las aulas: se reducen las expectativas académicas del alumnado migrado en función del color de piel o el acento, perpetuando estereotipos que nada tienen que ver con su capacidad real.

 

30 años con ellas: la respuesta de Alboan


Desde hace 30 años, en Alboan trabajamos desde una convicción: cuando las mujeres transforman sus vidas, transforman comunidades enteras. Tres décadas de acompañamiento, educación e incidencia política nos demuestran que romper la trampa estructural de la pobreza femenina es posible.

En el marco de la revisión Beijing+30, si las tendencias actuales persisten, en 2030 no solo habrá 351 millones de mujeres en pobreza extrema, sino que la inseguridad alimentaria seguirá afectando a 64 millones más de mujeres adultas que de hombres.

La erradicación de la pobreza femenina exige:

  • Invertir en sistemas integrales de cuidado.
  • Garantizar la propiedad de la tierra para las campesinas.
  • Cerrar definitivamente la brecha digital.
  • Construir marcos de protección que funcionen para todas, incluidas las personas desplazadas.
  • Aumentar la inversión en Ayuda Oficial al Desarrollo hasta el 0,7% del PIB, priorizando la educación en emergencias.

 

8M: construir la sociedad del cuidado


En este 8M de 2026, el lema global "Derechos, justicia y acción" nos recuerda que la pobreza femenina no es un fenómeno natural. No es inevitable. Es una crisis de prioridades económicas y voluntad política.

Treinta años acompañando a mujeres y comunidades en los márgenes del sistema nos han enseñado que el acompañamiento paciente, la educación transformadora y la incidencia sostenida generan cambios reales. Que las mujeres no son víctimas pasivas de la pobreza y la violencia: son agentes de transformación cuando tienen los medios, el tiempo y los derechos para serlo.

¿Estamos dispuestas y dispuestos a construir una economía que priorice el sostenimiento de la vida por encima del crecimiento estadístico Porque sin justicia económica para las mujeres, no habrá justicia social real.