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Una hectárea, veinte mujeres y un cambio imparable

Una hectárea, veinte mujeres y un cambio imparable

En la colina de Gisumo, en el municipio de Mugina (Burundi), un grupo de mujeres ha recorrido un camino que va mucho más allá del cultivo de la tierra. Lo que comenzó hace más de cinco años como una agrupación informal, marcada por la falta de recursos y oportunidades, es hoy una cooperativa que genera ingresos, fortalece la comunidad y abre nuevas posibilidades de futuro, en un proceso acompañado por CAFOB y Alboan. 

Durante sus primeros años, las mujeres de la escuela ELTDF de Gisumo apenas contaban con formación en derechos, liderazgo o emprendimiento. Su participación en los espacios de decisión era limitada y sus condiciones económicas restringían sus opciones. 

Pero ese punto de partida empezó a cambiar.
 

Cooperativa de piña en gisumo


Aprender para transformar

El cambio comenzó con la formación. A través de talleres sobre derechos de las mujeres, liderazgo, resolución de conflictos, gestión cooperativa y planes de negocio, las integrantes del grupo fueron adquiriendo herramientas clave para su desarrollo personal y colectivo.

Ese aprendizaje pronto trascendió lo teórico: se tradujo en más participación en la vida comunitaria, mayor presencia en espacios de decisión y una cohesión interna más sólida. Hoy, las 20 mujeres no solo participan: lideran, proponen y sostienen procesos de cambio en su entorno.
 

De grupo a cooperativa

En 2025, el grupo dio un paso decisivo al constituirse oficialmente como cooperativa, reconocida por la Agencia Nacional de Promoción y Regulación de las Sociedades Cooperativas (ANACOOP).

Este hito abrió nuevas oportunidades. Bajo el liderazgo de su presidenta, Gérath Hakizimana, impulsaron un proyecto agrícola ambicioso: el cultivo de piña en una hectárea en la colina de Rusumo.

El acceso a financiación no fue sencillo: recorrieron más de 60 kilómetros hasta Bujumbura para presentar su propuesta al Banco de Inversión y Desarrollo para las Mujeres. Pese a las dudas iniciales, lograron un crédito de 5.000.000 de francos burundeses.

Ese impulso marcó un punto de inflexión. Hoy, la cooperativa produce piña de forma organizada, genera ingresos regulares para sus 20 integrantes y ha alcanzado un patrimonio estimado en más de 25 millones de francos burundeses.

Plantación de piña en Burundi

 

El impacto de este proceso ya se siente en la vida cotidiana de las mujeres. Como explica su presidenta: 

“Hoy me alegra ver que las mujeres contribuyen más a los gastos de sus hogares, participan activamente en la vida comunitaria y miran el futuro con más confianza”.

Los beneficios no se quedan solo en el campo. Tras la primera cosecha, la cooperativa puso en marcha un sistema de préstamos internos que ha permitido a algunas mujeres iniciar pequeños negocios. Es el caso de Evelyne, socia de la cooperativa: gracias a uno de estos préstamos, pudo abrir una tienda y generar ingresos propios que hoy le permiten mejorar las condiciones de vida de su familia.
 

Sembrar hoy, transformar mañana

El siguiente paso ya está en marcha: avanzar hacia la transformación de la piña y construir una pequeña unidad agroalimentaria que permita generar más valor añadido. Un objetivo que podría multiplicar los ingresos y ampliar las oportunidades para más mujeres de la zona.

Apoyar iniciativas como esta significa apostar por procesos que nacen desde lo local, que fortalecen la autonomía económica de las mujeres y que generan impacto real en sus comunidades. Tu apoyo permite que historias como la de Gisumo continúen creciendo, que más mujeres puedan emprender y que el futuro se cultive, paso a paso, desde la tierra.

Porque cuando las mujeres tienen oportunidades, no solo cambia su vida: cambia todo lo que las rodea.