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Venezuela: reconstruir el tejido comunitario tras los terremotos

Venezuela: reconstruir el tejido comunitario tras los terremotos

La reconstrucción de Venezuela tras los terremotos va mucho más allá de reparar los daños materiales. En un país marcado por años de crisis social y económica, la emergencia ha agravado las heridas de una población especialmente vulnerable. Recuperar la vida cotidiana exige atender las necesidades más urgentes, pero también sanar el dolor colectivo y recomponer los vínculos comunitarios.

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Así lo explica Alfredo Infante SJ, Provincial de Venezuela, en una conversación mantenida durante una visita a nuestra de sede de Bilbao. 

“En Venezuela todos estamos heridos. Juntamos nuestros dolores, pero hacemos de nuestro dolor una fuerza de sanación”, señala, poniendo en valor la capacidad de las comunidades para transformar el sufrimiento en solidaridad y esperanza.


Sanar a las personas y reconstruir las comunidades

Uno de los principales desafíos tras la emergencia es el acompañamiento psicosocial de las personas afectadas. Las pérdidas y la incertidumbre requieren espacios de escucha y atención que ayuden a elaborar el duelo y recuperar la confianza.

“Sin sujeto no hay tejido. El sujeto es como el hilo fundamental del tapiz que queremos construir”, afirma Infante. La reconstrucción, por tanto, debe comenzar por las personas y fortalecer las redes de apoyo que surgieron espontáneamente durante la emergencia, para convertirlas en un tejido comunitario organizado y duradero. Reactivar la economía de los hogares es también esencial para recuperar la autonomía de las familias.


Deslave educativo

Los terremotos han golpeado a una sociedad que ya sufría un importante deterioro de servicios esenciales como la sanidad, el agua potable y la electricidad. En algunas zonas, los cortes eléctricos alcanzan las ocho horas diarias, con temperaturas de entre 35 y 40 grados.

La educación afronta igualmente una situación crítica, que el Provincial describe como un “deslave educativo”, marcado por el deterioro de la enseñanza y de las condiciones de vida del profesorado. Recuperar las escuelas resulta fundamental no solo para garantizar el aprendizaje, sino también para ofrecer a niños, niñas y adolescentes espacios seguros, rutinas y oportunidades de convivencia que contribuyan a sanar las fracturas sociales.

A estas dificultades se suma el impacto de la emigración: alrededor de ocho millones de personas de entre 18 y 50 años han abandonado el país, según las cifras compartidas por Infante. Esta pérdida de población en edad productiva debilita la economía y las redes familiares de cuidado, aumentando la vulnerabilidad de la infancia y las personas mayores.

Ante esta realidad, la respuesta de la Iglesia, la sociedad civil y la cooperación internacional constituye un apoyo fundamental. Redes como la Red Javier y la Red Claver han contribuido a articular respuestas de emergencia desde la colaboración y el respeto a los procesos locales.

La Red Xavier se reunió del 14 al 16 de octubre en Nuremberg, Alemania, para entre otras cuestiones, evaluar la respuesta al terremoto de Venezuela del pasado mes de julio.

En este contexto, Alboan apuesta por una cooperación basada en la cercanía, la solidaridad y el reconocimiento de las capacidades de las comunidades. Como resume Infante: “El aporte de Alboan es un aporte que salva vidas, pero que no solo salva vidas, sino que pone a soñar la vida”.

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