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Costa Rica, un cruce de caminos migratorios

Costa Rica, un cruce de caminos migratorios

En la actualidad, Centroamérica se ha convertido en un corredor migratorio crucial, donde miles de personas transitan en busca de mejores oportunidades y huyendo de situaciones de persecución y violencia. Costa Rica, en particular, se encuentra en el epicentro de esta crisis, enfrentando desafíos significativos en la gestión fronteriza y la protección de los derechos humanos de los migrantes. Annie Rodríguez Ovares, responsable de Protección Legal del Servicio Jesuita con Migrantes (SJM) de Costa Rica, nos ofrece una perspectiva reveladora sobre la situación actual, y los desafíos de quienes buscan un futuro mejor.
 

Externalización de las fronteras

Uno de los conceptos clave para entender la situación actual es la "externalización de las fronteras". Este término, aunque técnico, se refiere a la práctica de los gobiernos de subcontratar la gestión fronteriza a otros países, con el objetivo de evitar la llegada de personas que no desean aceptar en su propio territorio. En el caso de Costa Rica, esta estrategia se manifiesta en la imposición de barreras y obstáculos en el camino de los migrantes, dificultando su acceso a la protección internacional.

Un ejemplo palpable de esta externalización es la situación de las solicitudes de refugio en Costa Rica. Actualmente, una persona que desee solicitar refugio debe esperar hasta marzo o abril de 2028 para obtener una cita. Durante este largo período, las personas solicitantes carecen de un documento de identificación, lo que las deja en una situación de extrema vulnerabilidad. Lo que Annie Rodríguez define como un “atrapamiento”. Además, se han reportado actos discriminatorios hacia ciertas nacionalidades, como el cierre de oportunidades para solicitar refugio a personas venezolanas, bajo el pretexto de la falta de citas.
 


Además, Costa Rica ha aceptado recibir vuelos semanales de personas deportadas de Estados Unidos, incluyendo individuos de países tan lejanos como China, Afganistán y Egipto, que salieron de sus países por motivos de persecución. Estas personas, a menudo sin documentación y sin entender el idioma, se encuentran en un limbo, sin acceso a servicios básicos como la salud o la traducción, como ocurrió en el Centro de Atención Temporal para Migrantes (CATEM) en la frontera con Panamá.
 

Una ruta peligrosa

El Darién, una selva densa y peligrosa que conecta Colombia y Panamá, se ha consolidado como una de las rutas más transitadas por personas de Sudamérica y otros continentes que buscan llegar al norte, específicamente a Estados Unidos. Esta selva, con sus condiciones naturales extremas se ha convertido en un escenario de tragedias. Annie Rodríguez destaca que, además de los peligros naturales, el crimen organizado ha encontrado un terreno fértil, con robos, secuestros y violencia sexual contra las mujeres.

A pesar de las políticas anti-migratorias implementadas por el expresidente Donald Trump, que han reducido el flujo, la migración a través del Darién no ha cesado. Es crucial visibilizar que miles de personas continúan arriesgando sus vidas en esta travesía, buscando oportunidades que sus países de origen no les ofrecen.
 

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