Agricultura familiar en riesgo: pesticidas peligrosos y escasez de semillas limitan la productividad en Burundi

Según el Estudio sobre el Uso de Pesticidas en Burundi realizado en 2022 con el apoyo de Alboan, un país como Burundi lleno de colinas cultivadas desde los 500 y hasta los 2.500 metros de altura se presta sobremanera a la presencia de las más variadas plagas. El estudio detecta varias carencias en el sistema de control nacional de pesticidas:
- No hay normativa actualizada ni traducida a Kirundi para incorporar el control biológico y el uso de biopesticidas de origen vegetal;
- Aún hay plaguicidas de las clases Ia y Ib en circulación en Burundi, prohibidos en el resto del mundo;
- No existe coordinación ni apoyo suficiente para las intervenciones fitosanitarias con biopesticidas por parte de las ONG, los agentes agrícolas y las instituciones de investigación;
- Falta información y sensibilización al campesinado sobre las ventajas de los biopesticidas, mediante las instalación de Campos-Escuela Campesinos en los que :
- Promover el uso de biopesticidas o tratamientos fitosanitarios naturales (preparados a base de plantas como ajo, guindilla, neem, Tithonia, Vernonia, Tephrosia, etc., o materia inerte);
- Sensibilizar sobre los peligros y riesgos de intoxicación por plaguicidas;
Por lo que respecta a las semillas, el sector se caracteriza por los malos resultados de los agentes públicos y privados. La disponibilidad de las llamadas semillas mejoradas para los hogares agrícolas sigue siendo un obstáculo para la productividad de la agricultura familiar, así como para la resiliencia frente al cambio climático y las catástrofes naturales.
El gran problema es la falta de reconocimiento de los sistemas de semillas “campesinas” de calidad basados en la promoción de la agricultura familiar, mientras que las semillas mejoradas y certificadas no cubren ni el 10% de las necesidades nacionales de semillas. Si bien son productivas, son caras por sus altos costos de producción (certificación, insumos), lo que hace que sigan sin estar disponibles para la mayoría del campesinado.
Por otro lado, las semillas no certificadas, que son las más baratas y las más utilizadas en las zonas rurales (más del 90% las utilizan), no están reconocidas por la ley como semillas de calidad.






