Una mirada sobre el Covid-19, por Sara Diego

Alboan Alboan
04/05/2020
Sara Diego

Sara Diego, voluntaria de ALBOAN, nos ofrece esta reflexión desde Leticia, Colombia, donde participa del programa de Voluntariado Internacional VOLPA. ¡Muchas gracias, Sara!

 

No esperen de estas líneas una gran reflexión o un profundo análisis de la situación que nos rodea. No soy experta en salud, ni en economía, tampoco soy socióloga o politóloga, … con humildad me reconozco una más, una ciudadana del mundo preocupada por el presente y el futuro de mis hermanos y hermanas, y de la casa que compartimos.

 

Estos días me asomo a la ventana y escucho el sonido de los pájaros o las campanas de una iglesia lejana; en casa el sonido de las video llamadas, conversaciones sobre el virus y partidas de juegos de mesa … son algunas sensaciones e imágenes habituales estos días, y que no lo eran hace unos meses. Probablemente, debido a que nos encontramos en países diferentes, en Leticia, el equipo del SJPAM destacaría otras. Y es que a pesar de que hay artículos, noticias, videos, etc. que anuncian que el COVID-19 no entiende de fronteras, lo cierto es que el nivel de vulnerabilidad frente al virus sí lo hace. Cada persona vive y siente esta realidad de manera diferente en función de diversos aspectos; y más aún, como es el caso, cuando nos encontramos en países diferentes.

 

No obstante, hay algo a lo que la mayoría tenemos acceso: el silencio; concretamente, el silencio interior. Fiel compañero en nuestra vida, pero al que ahora tenemos tiempo para acudir con más frecuencia. Como yo, él también es ignorante en relación al futuro, pero me aísla de mensajes confusos y me permite escucharme y así, identificar qué aprendo de esto. Una idea que me resuena mucho, y afortunadamente también lo hace en mucha otra gente, es que “no quiero volver a lo de antes” y para ello, para provocar el cambio, considero clave el binomio desaprender-aprender. Existen muchos artículos que analizan de manera profunda y argumentada los valores y comportamientos que nos han traído a esta situación y que deberíamos desaprender. Permítanme, por tanto, centrarme en un aspecto muy concreto del aprender. Y es que, en estos días, el ya mencionado silencio me ha llevado a recordar y dar mayor sentido a algo que vi en las comunidades indígenas en mi corta experiencia en Leticia: su estilo de vida sencillo, valorando lo esencial, donde la armonía entre el cuidado de la naturaleza, de las personas y el de una misma ocupa un lugar prioritario. En definitiva; la importancia de reconocernos interdependientes y ecodependientes, para generar un cambio en el que predomine la igualdad de la humanidad en armonía con la madre naturaleza. Un cambio, este sí, que no entienda de fronteras.

 

Sara Diego

 

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