Caminos de Hospitalidad

La vía verde del Urola acogió el pasado 25 de octubre una nueva edición de Caminos de Hospitalidad, una iniciativa de la Plataforma Apostólica de Loyola que reunió a personas comprometidas con la acogida, la solidaridad y la construcción de sociedades más inclusivas y justas.
Caminar también puede ser una forma de reivindicar derechos, expresar solidaridad y construir comunidad. Con este espíritu, el pasado domingo 25 de octubre se celebró una nueva edición de Caminos de Hospitalidad, organizada por la Plataforma Apostólica de Loyola. Una jornada que convirtió el recorrido entre Aizpurutxo y Loyola, por la vía verde del Urola, en un gesto colectivo de apoyo a las personas migrantes y refugiadas.
La iniciativa adquirió un significado especial en un contexto marcado por el avance de los discursos de odio y el endurecimiento de las políticas migratorias. Frente a esta realidad, las personas participantes quisieron expresar su compromiso con la acogida, la hospitalidad y la defensa de los derechos humanos, reivindicando sociedades capaces de reconocer y respetar la dignidad de todas las personas, independientemente de su origen o situación administrativa.
Tras la caminata, de aproximadamente diez kilómetros, uno de los momentos centrales de la jornada fue el Círculo de Silencio, celebrado a las 13:30 horas en la plaza del Santuario de Loyola. Un espacio de memoria, denuncia y reflexión compartida para poner rostro y voz a las injusticias que sufren millones de personas obligadas a abandonar sus hogares.
El silencio para recordar y denunciar
El texto leído durante el Círculo de Silencio recordó la dimensión humana de los desplazamientos forzosos: alrededor de 120 millones de personas se encuentran desplazadas en el mundo, la mitad de ellas mujeres y niñas. También puso el foco en las vidas perdidas en las rutas migratorias. Según los datos recogidos en el texto, 2.484 personas habían muerto o desaparecido durante ese año en el Mediterráneo y el Atlántico occidental.
«En el silencio se hacen especialmente presentes las heridas de la humanidad. En el silencio percibimos que nada humano nos es ajeno», señalaba el texto, invitando a detenerse, recordar el sufrimiento de tantas personas y mantener viva la esperanza de quienes buscan una vida digna y segura.
El encuentro sirvió también para renovar una serie de compromisos que dan sentido a los Caminos de Hospitalidad: practicar el deber de fraternidad, garantizar el derecho a tener derechos, asegurar espacios de acogida para niños, niñas y adolescentes migrantes, promover la justicia de género, incorporar las perspectivas de justicia social y ambiental y construir redes de hospitalidad en todo el mundo.
La hospitalidad se construye en comunidad
La jornada continuó con una comida compartida y una tarde de música, bailes y juegos, en un ambiente de encuentro y convivencia. Porque la hospitalidad no consiste únicamente en denunciar las injusticias, sino también en generar espacios donde las personas puedan conocerse, compartir y reconocerse mutuamente.
Caminos de Hospitalidad volvió así a recordar que la acogida es una responsabilidad colectiva y que construir sociedades más justas e inclusivas requiere compromiso, cercanía y acción compartida. Cada paso cuenta cuando se trata de defender la dignidad y los derechos de todas las personas.
