Burundi frente a la malnutrición: niños y familias atrapados en la pobreza y la escasez
En 2023, más del 70% de la población burundesa vivía en la pobreza. Burundi se sitúa entre los cuatro países que presentan tasas de malnutrición crónica superiores al 40%, con un 52% de niños/a menores de 5 años en situación de desnutrición y más del 55% de la población rural en niveles de malnutrición, según lo establecido en el plan estratégico provisional del Programa Mundial de Alimentos (enero 2024).
La inseguridad alimentaria crónica afecta a casi uno de cada dos hogares, mientras que la inseguridad alimentaria aguda es alarmante (según el Global Report de Reliefweb, entre abril y mayo de 2023, 2,3 millones de personas sufrieron inseguridad alimentaria aguda. Solo en enero de 2024, el PMA asistió a más de 760.000 personas en Burundi).
Los medios de vida son frágiles y la capacidad de resiliencia de los hogares es baja. Como resultado, la más mínima conmoción lleva a un deterioro desproporcionado de la inseguridad alimentaria. En este caso, las contingencias climáticas recurrentes y sus consecuencias – en lo que llevamos de 2024, el fenómeno de El Niño ha provocado la devastación de 50.000 hectáreas de cultivo y la pérdida de cosechas para 135.000 familias, - como los movimientos de población, junto con la frágil situación económica, mantienen a una proporción importante de la población en una situación de grave inseguridad alimentaria.
Además, la seguridad alimentaria sigue viéndose obstaculizada por factores estructurales desfavorables, entre ellos la fuerte presión demográfica sobre unas tierras cada vez menos extensas y degradadas como consecuencia de la sobreexplotación, el acaparamiento de tierras para la intensificación de algunos cultivos de exportación y la erosión.
El entorno rural está seriamente afectado por la malnutrición. Las estadísticas muestran que el 58% de los niños y las niñas menores de cinco años sufren malnutrición crónica. El mayor problema en la actualidad es la escasa variedad de alimentos que se consumen.
Se puede concluir, pues, que la inseguridad alimentaria endémica en Burundi tiene su origen en otros factores externos que tienen que ver con aspectos de carácter más global que local, en particular:
- Aunque la Agricultura Familiar alimenta al 70% de la población mundial, su gran paradoja en los países en vías de desarrollo es que, aun disponiendo estos países de una producción agrícola diversa, muchas familias y cooperativas no pueden acceder a mercados para su venta porque, ante la falta de apoyo a las cadenas de valor, en muchos sectores se imponen los alimentos importados, dejando al sector agrario local desamparado.
- El cambio climático, como ya se ha dicho antes: Desastres naturales recurrentes, a saber, inundaciones, deslizamientos de tierras y lluvias excesivas, que son de temer en los somontanos y las regiones bajas (Kibaba, Mumirwa, Imbo); la frecuencia de las lluvias está cambiando y con ella se alteran las fechas del laboreo de los campos, aparecen nuevas plagas y enfermedades en las plantas, etc. Frente a la imposición de las grandes empresas multinacionales para enfrentar este fenómeno a base de semillas modificadas genéticamente, fertilizantes NPK y pesticidas químicos de síntesis, la agricultura familiar se plantea otras estrategias más sostenibles.
- El auge de precios de los hidrocarburos provocado por la guerra roso-ucraniana, unido a la depreciación flagrante del franco burundés ha convertido el país en un “indigente” energético. Las perspectivas no son halagüeñas ante la escalada bélica en Oriente Próximo y el bloqueo de las rutas marítimas, lo que amenaza con aumentar aún más los precios del petróleo y de cualquier mercancía manufacturada;
- Eso se ve agravado por el riesgo de que disminuyan las actividades transfronterizas tradicionales por las nulas relaciones comerciales con Ruanda, su “vecino comercial” natural y que goza de unos niveles de crecimiento económico exponencialmente mayores que los de Burundi.







