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Burundi: estabilidad política incipiente en medio de una profunda crisis económica

Burundi: estabilidad política incipiente en medio de una profunda crisis económica

Aunque los exploradores europeos y los misioneros hicieron breves incursiones en la zona desde 1856, no fue hasta 1899 que Burundi se convirtió en parte del África Oriental Alemana. En 1916, tropas belgas conquistaron la zona durante la Primera Guerra Mundial. En 1923, la Sociedad de Naciones otorgó un mandato a Bélgica sobre el territorio de Ruanda-Urundi, que comprendía los actuales Ruanda y Burundi, separando de ellos los reinos occidentales, que quedaban incluidos en Tanganyika, administrada por los británicos. Bélgica administró el territorio indirectamente, constituyendo una jerarquía dominada por la etnia Tutsi.

Tras la Segunda Guerra Mundial, Ruanda-Urundi se convirtió en un territorio bajo fideicomiso de Naciones Unidas. Después de 1948, Bélgica permitió la aparición de partidos políticos competidores. Entre ellos destacaron la Unión para el Progreso Nacional (UPRONA), un partido multiétnico dirigido por el príncipe Tutsi Louis Rwagasore y el Partido Cristiano Democrático (PDC), apoyado por Bélgica. En 1961, Rwagasore fue asesinado tras la victoria del UPRONA en elecciones legislativas y, finalmente en 1962, Burundi consiguió la independencia Desde entonces, Burundi ha sido escenario de varios golpes de Estado y masacres producidas por la rivalidad entre las dos etnias principales del país, los hutus y los tutsis, especialmente entre 1993 y 1999, con más de 250.000 muertes y la huida del país de centenares de miles de personas. Este conflicto derivó en una guerra civil que finalizó con la firma de los acuerdos de Arusha en 2005 y un proceso electoral del cual salió elegido como presidente Pierre Nkurunziza.

 

Historia reciente


El 25 de abril de 2015, el todavía presidente Pierre Nkurunziza volvió a presentarse como candidato a las elecciones, provocando que la sociedad civil protestara masivamente contra lo que consideró una violación de la Constitución y del Acuerdos de Arusha que puso fin a la guerra civil. La represión de las protestas fue inmediata, poniendo al país al borde de una nueva guerra y obligando a más de 300.000 personas a refugiarse en los países vecinos.

Tras cinco años de tensión social y bloqueo de toda cooperación por parte de la Unión Europea, Burundi celebró elecciones presidenciales, legislativas y locales el 20 de mayo de 2020. Aunque Nkurunziza no se postuló a ellas (de hecho, moriría por COVID semanas después), resultó ganador su partido con un nuevo candidato, Évariste Ndayishimiye, aunque los resultados fueron impugnados sin éxito por la oposición, dadas las irregularidades detectadas durante el proceso.

Actualmente, el presidente Ndayishimiye parece haber estabilizado el país, al menos en lo social, y las milicias Imbonerakure están mucho más controladas que hace un par de años. El reto pasa ahora por recuperar económicamente al país. La restauración desde finales del año 2022 de las relaciones de cooperación con la Unión Europea y otros agentes multilaterales aportan esperanza en este futuro cercano.

 

Situación económica


Con 0,419 puntos en el ranking del Índice de desarrollo Humano (IDH), Burundi ocupa el puesto 187 de 191 países. Su PIB per cápita de 245 dólares es el más bajo del mundo, lejos de los 415 dólares de Sierra Leona, el 2º peor país. Hoy en día, aún persiste la escasez de divisas en el país y el franco burundés es cada vez más débil frente al dólar y al euro.

El déficit de divisas ha provocado un aumento generalizado de los precios, sobre todo de los productos importados.  El cierre de fronteras terrestres con el consiguiente bloqueo del comercio transfronterizo con Ruanda, fruto de la injerencia de ambos países en el conflicto del este de la RDC, impacta negativamente sobre la ruta de los productos provenientes de Uganda y de los puertos del Índico (Mombassa y Dar-es-Salam, principalmente). A esto se añaden las limitaciones del transporte de mercancías provocadas por el grave problema de aprovisionamiento de hidrocarburos que sufre el país desde hace dos años, con colas kilométricas y esperas de hasta 5 días en las gasolineras para conseguir combustible.

Así las cosas, la actividad en Burundi radica esencialmente en la agricultura, para el 90% de su población, dependiente en gran medida de las precipitaciones, practicada en suelos sobreexplotados como resultado de una fuerte presión demográfica. La explotación familiar, de 0,5ha de superficie-promedio, es la unidad socioeconómica básica que integra cultivos de subsistencia, de renta (comerciales) y, a veces, ganado.  Con medios de producción – tierra y capital - limitados, el campesinado se enfrenta a bajos rendimientos debido a su pobre acceso a insumos agrícolas como fertilizantes orgánicos, biopesticidas y semillas autóctonas de buena calidad.

En cuanto a los ingresos, la renta media anual de las familias campesinas es de 1.780.894 francos burundeses (600 euros/año) y de 1.649.122 Fbu (550 euros/año) para los hogares encabezados por mujeres.