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Las defensoras de la Casa Común redoblan su compromiso en un contexto global convulso

Euskadi acoge el III Encuentro de defensoras de nuestra casa común frente al avance del extractivismo y las amenazas a los derechos humanos
Encuentro defensoras

Catorce mujeres defensoras de derechos humanos y del territorio procedentes de Guatemala, Honduras, Colombia, México, Perú, Bolivia, la Amazonía y Euskadi se reunieron en Euskadi para participar en el III Encuentro de Defensoras de Nuestra Casa Común, una iniciativa impulsada por Alboan que busca fortalecer las redes de solidaridad y la acción colectiva frente a la creciente crisis socioambiental global.

El encuentro, que se celebró entre el 24 y el 29 de mayo con base principal en Berriz, Bizkaia, y la posterior agenda política – pública con instituciones, organizaciones sociales y ciudadanía, forman parte de un proceso iniciado en 2020 para generar espacios de diálogo, escuchar, cuidado y resistencia entre mujeres defensoras. A lo largo de estos años, esta articulación ha permitido construir vínculos de apoyo mutuo, compartir análisis sobre los desafíos comunes y diseñar estrategias colectivas para la defensa de la vida y los territorios.

 


Un contexto global marcado por la conflictividad

La reunión tiene lugar en un momento especialmente complejo. El incremento de los conflictos armados, el debilitamiento de los sistemas de protección de los derechos humanos y el avance de modelos económicos basados en la explotación intensiva de recursos naturales están generando impactos cada vez más profundos sobre comunidades y ecosistemas de todo el planeta.

Las participantes coincidieron en que los conflictos que enfrentan en sus territorios no son hechos aislados. Por el contrario, forman parte de dinámicas globales que conectan la creciente presión ejercida por el Norte Global para satisfacer su excesiva demanda de minerales, energía y materias primas con procesos de despojo, contaminación, desplazamiento forzado y violencia.

"La transición energética aparece muchas veces como una solución global, pero la realidad es que reproduce formas de extractivismo que continúan afectando a comunidades enteras", señalaron las mujeres durante los espacios de reflexión.


Los territorios: zonas de sacrificio

Las experiencias compartidas por las mujeres provenientes de diversos territorios de la Amazonía, de Mesoamérica, La Guajira colombiana o de comunidades rurales andinas mostraron una realidad común: “la expansión de proyectos mineros, energéticos, petroleros y forestales ponen en riesgo nuestros territorios, nuestras culturas e identidad y nuestras formas de vida ancestrales.”

“Nuestros territorios son hoy zonas de sacrificio”. La intensificación de la contaminación de fuentes de agua, de la deforestación, de la crisis climática, y la creciente presencia de grupos armados organizados y redes de narcotráfico, entre otras causas, están provocando el aumento de las migraciones forzadas, la criminalización de quienes defendemos los derechos humanos y el territorio, la pérdida de biodiversidad y por consiguiente, amenazando el acceso a medios de vida, y la propia sostenibilidad de la vida en lo territorios.  
 

Mujeres en resistencia


En este contexto, las mujeres indígenas, afrodescencientes o campesinas ven sus vidas atravesadas por múltiples violencias y amenazas.  Los roles tradicionales de género influyen sobre los sistemas socioculturales y económicos de las comunidades y generan dinámicas de desigualdad sobre las mujeres y niñas, que limitan el ejercicio de sus derechos a distintos niveles: derechos sexuales y reproductivos, el acceso a la educación, a la salud, a una vida digna libre de violencias, entre otros. Así, mirar esta realidad desde un enfoque interseccional nos permite comprender cómo las mujeres defensoras enfrentan un desafío doble: la defensa del territorio y la defensa de su cuerpo-territorio. 

Todo ello sucede bajo el paraguas de la transición energética, asociada a discursos en torno al desarrollo, el progreso o la modernización que legitiman proyectos que generan importantes impactos sociales y ambientales en nuestros territorios. Frente a este modelo insostenible que prioriza el capital y las desigualdades frente a la vida, es fundamental construir nuevas narrativas capaces de poner en el centro la dignidad humana, los derechos colectivos y el cuidado de la naturaleza.
 

Resistencias que construyen esperanza

Más allá del diagnóstico compartido, el encuentro ha sido también un espacio para reconocer las múltiples alternativas y resistencias que surgen desde los propios territorios, y en gran medida, desde las propias mujeres. 

El fortalecimiento de organizaciones comunitarias, la formación de liderazgos de mujeres y jóvenes, la recuperación de saberes ancestrales, la documentación de vulneraciones de derechos y la construcción de alianzas aparecen como algunas de las estrategias que están permitiendo sostener las resistencias y abrir caminos de transformación.
 

Agentes políticos


Durante las jornadas emergió además una reflexión transversal: la importancia del cuidado. Las defensoras compartieron el cansancio, las heridas y las cargas que acompañan la defensa cotidiana de los territorios, subrayando que cuidar los cuerpos, las emociones y la espiritualidad es también una forma de proteger la vida.

Una de las primeras conclusiones que deja este encuentro es clara: si las amenazas son globales, también deben serlo las respuestas. Las defensoras lo expresan con convicción: la defensa de la vida no conoce fronteras y la esperanza se construye colectivamente, tejiendo redes que unen territorios, pueblos y luchas en favor de una justicia socioambiental para todas las personas.