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México: de país de tránsito a espacio de contención

México: de país de tránsito a espacio de contención

Durante décadas, México fue percibido como un país de paso para quienes buscaban llegar a Estados Unidos. Hoy, esa imagen ya no refleja la realidad. El endurecimiento de las políticas migratorias estadounidenses y el cierre casi total de la frontera norte han detenido el tránsito de miles de personas, convirtiendo el país en un espacio de contención forzada.

En ciudades como Tapachula, Suchiate o Tuxtla Gutiérrez, familias enteras esperan meses o incluso años a que se resuelvan sus solicitudes de refugio. Mientras tanto, sobreviven en condiciones precarias, con un desgaste físico, emocional y vital profundo. La migración deja de ser un proyecto para convertirse en un estado de espera indefinida.
 

Cruces inseguros y fronteras militarizadas

La falta de vías legales y seguras obliga a muchas personas a recurrir a cruces informales, exponiéndose a riesgos extremos. La frontera sur combina la presencia militar, control territorial del crimen organizado y políticas de contención que limitan la movilidad y prolongan la permanencia en espacios de espera.

Antes de llegar a México, muchas personas han atravesado varios países enfrentando secuestros, extorsiones, agresiones físicas y sexuales, y rutas extremadamente peligrosas, como la selva del Darién. Datos del Servicio Jesuita para Personas Refugiadas (JRS) en México muestran que alrededor del 40 % de las personas acompañadas han sufrido secuestros en más de una ocasión.

 

Personas migrando


 

La espera que rompe proyectos de vida

Cuando el tránsito se bloquea, también se rompe un horizonte. Personas agotadas deben replantear sus proyectos de vida: integrarse temporal o permanentemente en México, reorientar su camino hacia otros países del continente o enfrentar la posibilidad de retornar a territorios que les expulsaron.

Actualmente, más de 50.000 solicitudes de refugio están pendientes de resolución. Durante la espera, muchas familias viven en la vía pública o frente a oficinas gubernamentales, intentando sostener su dignidad frente a la incertidumbre.


México se ha convertido en un nodo central de contención: país de origen, tránsito, destino y retorno forzado. Las deportaciones desde Estados Unidos y la externalización de la gestión migratoria agravan la situación, obligando a países vecinos a asumir responsabilidades que no les corresponden, con graves impactos en derechos humanos.



Acompañar en la fragilidad y sostener la vida

Acompañar hoy no significa solo cubrir necesidades básicas. Implica caminar junto a las personas en los momentos más frágiles, cuando deben replantear su proyecto de vida y decidir si integrarse o continuar el camino, sin soluciones rápidas ni caminos claros.

Para organizaciones como el JRS México, esto exige sostener procesos largos y desgastantes, con presencia constante, escucha y acompañamiento ético. Desde Alboan, apoyamos estas alianzas con organizaciones locales transformadoras, reconociendo que la solidaridad efectiva se construye día a día.