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Reflexiones sobre la situación actual de Honduras
Reflexiones sobre la situación actual de Honduras
Nuestros compañeros hondureños del ERIC defienden en su último informe especial sobre el golpe de Estado en Honduras la creación de la Comisión de la Verdad y un pacto social incluyente como desafíos inmediatos a los que se enfrenta Honduras.
Los acuerdos son apenas el primer paso inmediato para destrabar el conflicto y todo apunta a que el Congreso Nacional ha de abrir la tranca para que se pongan en marcha las decisiones que lleven a la restitución a la Presidencia de la República al Señor Zelaya Rosales, para que así se impulsen las siguientes líneas de acción de los acuerdos firmados por las comisiones negociadoras, bajo el mandato implacable del Departamento de Estado del gobierno norteamericano.
Como quiera que sea, los acuerdos nos permiten ingresar a una nueva atmósfera. Y sí nos encontramos ante la oportunidad de impulsar al menos dos desafíos fundamentales que definan la siguiente coyuntura. El primer desafío está relacionado con la ruta que nos oriente hacia un ambiente de reconciliación. La sociedad hondureña ha quedado herida y profundamente dividida. Y no se puede aceptar que ingresemos a una nueva etapa como si se tratara de un borrón y cuenta nueva. Nada de eso. Nos toca hacerle frente a los hechos y personas que tienen responsabilidades directas con estas heridas y destrozos. Por ello, el gobierno de transición que surge de estos acuerdos ha de ser presionado para que pongan en marcha la Comisión de la Verdad, con el fin de que se investigue lo que ocurrió en estos cuatro meses sobre crímenes de lesa humanidad y de violación de los derechos humanos, y se castigue a los responsable materiales e intelectuales. Todo para que a nadie en el futuro se le pase por la mente promover y provocar un golpe de Estado. El segundo desafío tiene que ver con la puesta en marcha de un nuevo pacto social incluyente y participativo, el verdadero camino para hacerle frente a la crisis, el cual se estructure en torno a un proyecto de país con nuevas coordenadas políticas, económicas, ambientales y jurídicas, y a partir de un impulso de la institucionalidad que blinde al país del abuso de poder y de las arbitrariedades. Los acuerdos actuales apenas son una primera condición para ponernos a andar el largo camino de recuperar la política, la democracia, el Estado de derecho, y al final de cuentas, para recuperar nuestra herida y damnificada patria merecedora de una suerte nueva.
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