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Niños y niñas soldado

Durante las dos décadas de conflicto, tanto el LTTE como el ejército de Sri Lanka han secuestrado niños y niñas para la guerra.

Se calcula que el LTTE ha utilizado cerca de 6.000 menores pero se desconoce el número en manos del ejército cingalés. El ejército se ha valido principalmente del grupo paramilitar “Karuna", una milicia escindida del movimiento tamil y ahora aliada del Gobierno, para su reclutamiento.

El reclutamiento.

Las operaciones de reclutamiento suelen tener lugar por la noche.

Unidades de paisano recorren calles, campos de refugiados y orfanatos con furgonetas, secuestran por la fuerza a  menores que encuentran a su paso y regresan a sus bases una vez han llenado el vehículo. Además, el reclutamiento es habitual entre las familias tamiles que se ven obligadas a “entregar” a un hijo o una hija para la causa independentista.

El tsunami de finales de 2004 también facilitó el reclutamiento de menores soldado. Al arrasar las costas asiáticas causó 30.000 muertes en Sri Lanka y dejó a cientos de niñas y niños sin familia.

Esta situación de vulnerabilidad y desprotección favoreció el reclutamiento por parte de las guerrillas. Muchos menores fueron secuestrados y convertidos en guerrilleros.

El entrenamiento.

En las semanas siguientes al secuestro, los menores pasarán por uno de los más duros regímenes de entrenamiento del mundo.

En medio de la selva, con castigos físicos constantes por cada error cometido, aprenderán con sudor y sangre el manejo de armas de fuego y técnicas de guerra. El objetivo es deshumanizarles y enseñarles a destruir. Hay quienes morirán antes de superar esta etapa.

La utilización.

Tras varias semanas de entrenamiento, las unidades de menores soldados son utilizadas en las misiones más arriesgadas como carne de cañón, para preservar a los mejores regimientos en la retaguardia.

Los niños y niñas sirven para todo en tiempo de guerra: combaten, cocinan, acarrean agua, actúan como señuelos, mensajeros o espías y llevan a cabo misiones suicidas.

Las chicas, además de las tareas anteriores, sirven de esclavas sexuales, ayudan a reclutar y secuestrar a otros niños y niñas a los que les espera el mismo destino y en ocasiones se ven obligadas a ejecutar castigos contra menores que intentan escapar, llegando a tener que asesinarlos. Oponerse puede suponer castigos como fuertes palizas, la violación múltiple o la muerte.

Además quedan expuestas a contraer enfermedades de transmisión sexual, el SIDA, a quedar embarazadas y al posterior rechazo de su propia comunidad.

Las niñas y niños que sobreviven tienen que luchar, durante toda la vida, con las secuelas físicas y psicológicas de la cruel experiencia vivida.