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los gobernantes de los países del G8
En Gleneagles, 1 de julio de 2005
Sres. primeros ministros y presidentes,
Somos un grupo de jesuitas que tenemos la responsabilidad de coordinar
el trabajo social de la Compañía de Jesús en
todo el mundo. Por nuestro trabajo, vocación y opción,
acompañamos a numerosos grupos de personas que viven en la
pobreza, privados de sus derechos humanos más elementales.
Queremos aprovechar la ocasión que nos brinda su reunión
en Escocia para dirigirnos a ustedes, sumando así nuestra voz
al clamor de tantos ciudadanos movilizados hoy por todo el mundo,
y haciendo nuestra humilde contribución a la masiva petición
de que adopten las medidas necesarias para que, de una vez por todas,
la pobreza en la que vive una gran parte de la Humanidad pase a la
historia. Entendemos que así somos fieles a nuestra misión
de promover la justicia que exige la fe que profesamos.
Conocemos de primera mano las consecuencias de la pobreza por nuestro
contacto con aquellos que sufren sus efectos. La pobreza supone, básicamente,
la privación de libertad. Provoca la muerte prematura, el analfabetismo,
la enfermedad, la incapacidad para participar y hacerse oír
en la esfera pública, el desamparo ante la arbitrariedad de
los gobernantes, la violencia, la huida hacia otras tierras. Nace
y se agrava con la discriminación de género. Supone
no tener acceso a servicios y bienes elementales como la salud, el
agua o un entorno físico seguro. Implica la privación
de la capacidad de ir eligiendo la vida que nos hace más felices.
Como dice nuestro Padre General, la pobreza siempre ha supuesto
desgaste y humillación, y también, dificultad para el
señorío de sí mismo y del ejercicio de la solidaridad
[1] En definitiva, la pobreza deshumaniza y vulnera la dignidad que
a cada persona corresponde por ser creados a imagen de Dios.
También sabemos que la pobreza no es ajena al inicuo sistema
de distribución global de los recursos y a los modos de producir,
consumir y relacionarnos con la naturaleza. Como nos recuerda Juan
Pablo II, los mayores problemas económicos de nuestro
tiempo no dependen de la falta de recursos, sino del hecho de que
las actuales estructuras económicas, sociales y culturales
tienen dificultades en asumir las exigencias de un auténtico
progreso. [2]
Por lo anterior, porque es un estricto deber de justicia y verdad
impedir que queden sin satisfacer las necesidades humanas fundamentales,
y porque hoy más que nunca sabemos que es posible acabar con
la pobreza, les instamos a que desde su posición privilegiada
impulsen medidas para:
-
Aumentar y mejorar la calidad de la ayuda internacional
al desarrollo, como expresión del destino universal de los
bienes, de la redistribución internacional de la riqueza
y del derecho al desarrollo de los pueblos.
-
Dar una solución definitiva y justa al
problema de la deuda externa, que tantos países ya han pagado
sobradamente y que drena los recursos necesarios para el desarrollo
de las personas, porque en muchos casos, estos países
son forzados a recortar sus gastos para necesidades vitales, como
la alimentación, la salud y la educación, para satisfacer
sus deudas con las agencias financieras internacionales y con los
bancos. Esto significa que muchas personas están condenadas
a condiciones de vida que son una afrenta a la dignidad humana
[3]
-
Promover un sistema de comercio internacional
centrado en el desarrollo humano, teniendo en cuenta que una economía
de intercambio no puede seguir descansando sobre la sola ley de
la libre concurrencia, pues el libre intercambio sólo
es equitativo si está sometido a las exigencias de la justicia
social [4]
-
Avanzar hacia unas instituciones internacionales
que favorezcan el desarrollo de los pueblos, garanticen su voz y
representatividad y favorezcan la redistribución de los recursos
globales. Nos unimos así al llamado que ya realizó
Pablo VI al decir que se ha de tener la fortaleza de ánimo
necesaria para revisar las relaciones actuales entre las naciones,
ya se trate de la distribución internacional de la producción
de la estructura del comercio, del control de los beneficios o de
la ordenación del sistema monetario [5]
-
Impulsar en sus países modelos de desarrollo
solidarios y sostenibles, porque la civilización del
consumo [6] no es la respuesta a las aspiraciones y potencialidades
humanas, no nos hace ser más plenamente humanos, atenta contra
el equilibrio ecológico del planeta y no puede dar cabida
a los pobres, porque no es posible elevar los pueblos pobres
adonde están los desarrollados. Si superar la pobreza significara
eso, no sería posible superar la pobreza [7]
Con estas medidas empezaremos a caminar hacia un orden mundial
basado en la genuina solidaridad, donde todos puedan ocupar el puesto
al que tienen derecho en el banquete del Reino [8] y donde las
personas pobres no sean un problema, sino sujetos y protagonistas
de un futuro nuevo y más humano para todo el mundo.
Ustedes, junto con el resto de gobernantes mundiales, se han comprometido
en reiteradas ocasiones a caminar por esa senda. Desde la Cumbre de
la Tierra en Río de Janeiro (1992), hasta la Cumbre sobre el
Desarrollo Sostenible, en Johannesburgo (2002); desde la Cumbre de
Desarrollo Social, en Copenhague (1995), hasta la Cumbre del Milenio,
en Nueva York (2000), son muchos los compromisos que aún están
por cumplir.
Ya es tiempo de cumplir la palabra empeñada, como se lo están
exigiendo sus propios ciudadanos. Están en juego los derechos
básicos de mucha gente y, con ellos, la dignidad de todo el
género humano.
Fernando Franco sj,
Secretario para el Apostolado Social de la Compañía
de Jesús, Andreas Gösele sj, Coordinador del Apostolado
Social en Europa Central, Antoine Berilengar sj, Coordinador
del Apostolado Social en África y Madagascar, Javier Arellano
Yanguas sj, Coordinador del Apostolado Social en Europa Meridional,
Jim Stormes sj, Coordinador for Social and International ministries
of the Jesuit Conference of United States, Jorge Julio Mejía
sj, Coordinador del Apostolado Social en América Latina,
Rafael Moreno sj, Asistente Coordinador del Apostolado Social
en América Latina, Paulo Sergio Vaillant sj, Coordinador
del Apostolado Social en Brasil, Antoine Kerhuel sj, en nombre
del Apostolado Social de Europa Occidental, Jakub Cebula sj,
Coordinador del Apostolado Social en Europa del Este, Paul Dass
sj, Coordinador del Apostolado Social en Asia- Oceanía,
Joe Xavier sj, Coordinador del Apostolado Social en Asia Meridional
y Coordinador of Jesuits in Social Action (JESA) en Asia Meridional
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[1] Peter-Hans Kolvenbach, La opción por los pobres y la superación
de la pobreza. UCAB, Caracas, 1998.
[2] Juan Pablo II, Mensaje del Día Mundial de la Paz, 2000.
p. 14
[3] Juan Pablo II, Ecclesia in Asia, 40
[4] Pablo VI, Populorum Progressio, n.59
[5] Pablo VI, Octogésima Adveniens, n.43.
[6] Juan Pablo II Sollicitudo Rei Socialis, 28
[7] Peter-Hans Kolvenbach, op.cit.
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